EL VIAJE DE ISRAEL. Un estudio del viaje espiritual de los creyentes desde la salvación hasta la madurez y la gloria en Cristo.

EL VIAJE DE ISRAEL
Un estudio del viaje espiritual
de los creyentes desde la
salvación hasta la madurez
y la gloria en Cristo.
Dr. Brian J. Bailey.

Título original: “The Journey of Israel”
Título en español: “El viaje de Israel” © 1993 Brian J. Bailey
Primera Edición, Marzo 1993. (ISBN 0-963083-7-4-0)
Segunda Edición, Septiembre 2006 (Versión 2.0)
Edición en inglés revisada, Febrero 2009 (Versión 2.1)
Diseño de portada: © 2003 Zion Fellowship Inc. y sus
licenciatarios. Todos los derechos reservados.
Traducción: Marian Belmonte, Belmonte Traductores. España.
Editor de la 1ra edición en español: Raimundo J. Ericson.
Octubre 2002
Revisión de la segunda edición: Ana Karen Poza, Febrero 2011.
Segunda edición en español (Ver. 2.1), marzo 2011.
Segunda impresión, marzo 2011.
Diseño de Portada:
© 2003 Zion Fellowship Inc.
Todos los derechos reservados.
Todas las citas de la Escritura usadas
en este libro están tomadas de la versión
Reina-Valera 1960 a menos que se indique lo contrario.
Publicado por Zion Christian Publishers.
Impreso en los Estados Unidos.
ISBN 1-59665-518-6
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Dedicado
A nuestro amado Señor Jesucristo,
quien, como columna de fuego en la noche
y nube en el día,
saca a su pueblo de Egipto
hacia la Tierra Prometida.
Y a mi querida esposa, Audrey,
que fue una fiel compañera de peregrinaje
para mí a lo largo de nuestro particular
viaje espiritual a Sion.

INDÍCE
Prefacio
Introducción
Mapa del viaje de Israel
PRIMERA PARTE – LA VIDA DE MOISÉS
1 Los primeros años de Moisés
2 Estancia en el desierto de Arabia
3 Regreso a Egipto
4 Ministerio en Egipto
5 Desde el mar Rojo hasta Sinaí
6 El monte Sinaí
7 Desde el monte Sinaí hasta Cades-barnea
8 Cades-barnea
9 Desde Cades-barnea hasta Pisga
SEGUNDA PARTE – EL CRUCE A CANAÁN
10 Josué, el nuevo líder
11 El cruce del río Jordán
12 Los treinta y un reyes
13 Victoria incompleta
TERCERA PARTE – LA HERENCIA DEL MONTE SION
14 Silo
15 Hebrón
16 El monte Sion
Conclusión

PREFACIO
Visión, dirección, guía y un buen liderazgo siempre han
sido necesarios para una iglesia sana. Esto es
especialmente cierto en la actualidad, a medida que la
dispensación de la Era de la Iglesia se acerca a su término.
En El viaje de Israel, el autor ofrece todo lo anterior al
descubrirnos de una manera novedosa el plan de Dios para
la Iglesia en estos últimos tiempos.
El viaje de los hijos de Israel fue un acontecimiento literal
e histórico. Los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob
salieron de la tierra de Egipto en la que habían estado
cautivos durante 430 años. Dios los liberó por medio del
profeta Moisés, quien los guiaría bajo la protección del
Señor desde Egipto hasta las llanuras de Moab, durante
un periodo de tiempo que duraría más de 40 años.
Tras la muerte de Moisés, les fue dado un nuevo líder:
Josué, quien los llevó desde el río Jordán hasta la Tierra
Prometida. Sin embargo, no conquistaron la totalidad
de la tierra ni entraron en reposo sino hasta muchos años
después, cuando Dios levantó al rey David. David
subyugó a todos los enemigos en la tierra, y guió a los
hijos de Israel a su lugar final de reposo: Sion, el santo
monte del Señor.
Este viaje realizado hace miles de años es un prototipo de
nuestro viaje espiritual como creyentes desde la tierra hasta
el cielo, y de bebés recién nacidos en Cristo a padres y
10 EL VIAJE DE ISRAEL
madres maduros en la fe. Descubriendo los secretos del
viaje de los hijos de Israel desde Egipto hasta Sion, el
autor muestra al lector un mapa de ruta para su propia
vida. Nos muestra de dónde hemos venido, dónde estamos
ahora y hacia dónde vamos.
En El viaje de Israel consideraremos tres temas
principales: (1) Un relato paso a paso del viaje de los hijos
de Israel; (2) la preparación de la vida del líder a quien
Dios usa para guiar a Su pueblo en su viaje visto a través
de la vida de Moisés; (3) y finalmente, las siete fiestas del
Señor, que están entrelazadas en el viaje, y su relevancia
para la Iglesia de Jesucristo en la actualidad.
Este libro es presentado con la oración de que el mismo
Señor que llevó a los hijos de Israel desde la tierra de
Egipto hasta Sion, le lleve igualmente a usted, querido
lector, desde el Egipto espiritual hasta Sion, el monte de
Su presencia permanente.
Dr. Brian J. Bailey
11
INTRODUCCIÓN
El viaje de los hijos de Israel (que llevó a los israelitas
desde Egipto hasta su destino final, el monte Sion), estaba
en las palabras del apóstol Pablo: “escritas para
amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los
fines de los siglos” (1 Co. 10:11).
Podríamos afirmar confiadamente que este viaje histórico
es una alegoría que describe el viaje espiritual del alma
desde la salvación hasta la madurez, hasta que sea “un
varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud
de Cristo” (Ef. 4:13).
Para que una persona llegue al monte Sion espiritual,
primero debe pasar por muchas otras experiencias.
Después de salir de Egipto (experiencia de salvación),
debe atravesar el mar Rojo (bautismo en agua). Después
debe seguir hasta el monte Sinaí, que tipifica el
bautismo del Espíritu Santo. Tras eso, debe soportar la
experiencia grande y terrible del desierto, cruzar el río
Jordán (experimentar la circuncisión del corazón) y
entrar en la Tierra Prometida. Desde ahí, a medida que
va conquistando enemigos tanto dentro como fuera,
finalmente entrará en el verdadero descanso de Dios,
que en la Palabra de Dios es equiparable a la ascensión
espiritual al monte Sion. Dios dice de Sion en el
Salmo 132:14: “Este es para siempre el lugar de mi
reposo; aquí habitaré”.
12 EL VIAJE DE ISRAEL
Para nosotros es eternamente satisfactorio contemplar
el viaje de los hijos de Israel tanto desde una perspectiva
histórica como eterna. Ciertamente, el viaje había sido
concebido (y no solamente conocido) en la mente y el
corazón de Dios antes de la fundación del mundo.
Hebreos 4:3 dice claramente que “las obras suyas
estaban acabadas desde la fundación del mundo”.
Así, debiéramos considerar brevemente el plan de Dios
para los siglos, desde Adán hasta Abraham para entender
el trasfondo del viaje de los hijos de Israel. Abraham es
el padre, no sólo de los hijos de Israel, sino también de
todos aquellos que invocan el nombre del Señor
Jesucristo como su Salvador.
Las primeras diez generaciones
La primera dispensación de diez generaciones, que cubre
el periodo de tiempo desde Adán hasta Noé y el Diluvio,
tuvo una duración aproximada de 1,656 años; sin
embargo, sólo nueve capítulos del Génesis son dedicados
a este periodo. Fue un periodo de longevidad de vida, y
durante este periodo de la historia del hombre hubo un
tremendo fluir profético y fueron reveladas casi todas
las verdades futuras.
Este periodo de tiempo contiene la historia de la
creación, la caída del hombre, la promesa de salvación,
el primer asesinato, la introducción de la poligamia y
la división de la humanidad en dos líneas: los hijos de
Dios y los hijos del hombre (el bien y el mal). Enoc, un
hombre que caminó cerca de Dios, profetizó acerca de

la Segunda Venida de Cristo y sus juicios resultantes
(Jud. 1:14-15). El primer rapto ocurrió cuando Enoc
fue llevado al cielo.
Luego llegó el cruce de las líneas buenas e impías como
consecuencia de los matrimonios, los cuales produjeron
una descendencia malvada y opresiones que, a su vez,
produjeron el primer juicio mundial en forma de un diluvio.
El Diluvio fue una nota solemne de aviso para los redimidos
que no vivían en la luz; sin embargo, Dios también proveyó
el Arca para preservar a los justos (1 P. 3:19-20).

De Adán al Templo de Salomón
4004 a.C.
Adán formado Noé—El diluvio Abraham nace El Éxodo El Templo
de Salomón
(reposo)
1000 a.C.
circa
2348 a.C. 1996 a.C. 1500 a.C.
10
generaciones
10
generaciones 487 años
1656 años
después de Adán
2008 años
después de Adán
Dios le mostró a Abraham de antemano que su simiente
sería afligida en una tierra extraña por 400 años;
pero después Dios juzgaría a la nación y
y los sacaría con gran botín (Gen. 15:13-16).
INTRODUCCIÓN 15
Las diez generaciones siguientes
La segunda dispensación, desde Noé hasta Abraham,
también de diez generaciones de duración, abarca unos
300 años. Este periodo estuvo marcado por las divisiones
de las naciones en tres ramas. De Noé vinieron: Sem, la
semilla prometida; Cam, la semilla maldita, y Jafet, a quien
se le dio la promesa de que moraría bajo la protección de
Sem. De estos tres hombres provinieron todas las razas
del mundo.
Incluso después de que Dios hubiera destruido a todos
los anteriores habitantes de la tierra por su rebelión,
preservando sólo a Noé, su esposa, sus tres hijos y sus
esposas, la nueva generación, descendientes del justo Noé,
se volvió a degenerar rápidamente. Cam produjo una
semilla malvada; su nieto, Nimrod, fue el fundador de
Babel (Gn. 10:6-10). La maldad llegó hasta la cúspide en
esta ciudad, la cual se convirtió en la fuente de todas las
falsas religiones. Los habitantes de Babel se levantaron
en contra del Señor y construyeron una torre para
magnificar y glorificar a la humanidad. Como resultado
de esta descarada rebelión contra el Señor, vino una vez
más el juicio de Dios sobre la tierra, y Dios dividió en ese
momento a las naciones y confundió sus idiomas.
Desde ese estado de caos, mezcla y maldad, Dios llamó a
Abraham a salir de Ur de los caldeos. El Señor habló a
Abraham y le dijo que dejara su tierra natal y se fuera a
una tierra que Él le mostraría: la tierra de Canaán, que
más tarde se convertiría en su herencia y en la herencia de
su descendencia.

El pacto de Abraham
Dios hizo un pacto con Abraham (Gn. 15), y le prometió
que su descendencia (por medio de su hijo Isaac) heredaría
la tierra de Canaán desde el río de Egipto hasta el gran río
Éufrates, la tierra que estaba habitada por las diez naciones
de Cus. La tierra de Canaán se refiere a lo que hoy
conocemos como Palestina. Palestina es tierra de Dios, y
Él se la ha dado a Israel, no a los palestinos (o como se les
conoce bíblicamente, los filisteos).
Para hacer un pacto, normalmente hay condiciones que
cada parte implicada debe conocer. Era costumbre en
aquellos tiempos sellar los pactos dividiendo un animal y
después caminando entre las partes divididas del animal.
Sin embargo, este pacto se selló de la manera menos
común. En lugar de ser los dos participantes (Dios y
Abraham) los que caminaron por en medio de los animales
divididos, alguien más caminó a través de ellos.
Leemos en Génesis 15:12: “Mas a la caída del sol sobrecogió
el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande
oscuridad cayó sobre él”. Al haber experimentado yo mismo
este fenómeno, tuve el sentimiento de estar profundamente
indefenso, y de una total y desesperada incapacidad de llevar
a cabo algo. Esto es exactamente lo que Dios quiere que
todos nosotros experimentemos antes de que Él nos haga
una promesa muy significativa o antes de que entremos en
una nueva etapa de nuestra vida cristiana.
Así sucedió con Abraham, que estuvo sobre el umbral de
una nueva experiencia que impactaría la vida de
INTRODUCCIÓN 17
innumerables personas. Dios le estaba haciendo una
promesa que iba a afectar no sólo el futuro de millones de
su propia descendencia, sino a toda la humanidad. De
hecho, la promesa de la tierra de Canaán no dependía de
manera alguna de Abraham o su descendencia, porque
fueron el Padre y el Hijo los que acordaron darles la tierra
de Canaán como su posesión eterna.
Abraham dormía profundamente cuando un temor de gran
oscuridad cayó sobre él. Mientras dormía, otras dos partes
pasaron entre los animales divididos. “Y sucedió que puesto
el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una
antorcha de fuego que pasaba por entre los animales
divididos. En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram,
diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de
Egipto hasta el río grande, el río Eufrates” (Gn. 15:17-18).
El horno de fuego es un símbolo de Dios Padre, de quien se
ha dicho: “Nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 12:29).
La antorcha o lámpara de fuego no es otro sino el Señor
Jesucristo, quien declaró: “Yo soy la luz del mundo”
(Jn. 8:12; 9:5). Abraham nunca pasó entre los animales
divididos; por tanto, el pacto es inmutable y no puede ser
quebrantado, porque fue establecido entre el Padre y el Hijo.
Muchos años antes de que Abraham tuviera un hijo,
Dios predijo la estancia de los hijos de Israel en Egipto
diciendo que serían extranjeros en una tierra que no les
había sido prometida, y estarían sometidos en esclavitud
y servidumbre mientras permanecieran allí (Gn. 15:13).
Sin embargo, esta estancia en Egipto no era el plan final
de Dios para ellos. Ellos sólo estarían allí unos 400 años,
porque Dios prometió que saldrían de Egipto.
18 EL VIAJE DE ISRAEL
El Señor también habló de las diez plagas que Moisés
ejecutaría sobre los egipcios, como juicio sobre la
nación que los mantuvo en esclavitud. El Señor
entonces habló del futuro viaje fuera de Egipto que los
descendientes del nieto de Abraham, Jacob (Israel),
harían (Gn. 15:14). Por tanto, vemos que Dios orquestó
el viaje de Israel desde Egipto hasta Sion antes de la
fundación del mundo (He. 4:3). De hecho, Él planeó
todo el destino de Israel.
Desde Abraham hasta Moisés
Después de la muerte de Abraham, su hijo Isaac vivió en
la tierra de Canaán con su hijo Jacob. Jacob, cuyo nombre
fue cambiado después por el de “Israel”, tuvo doce hijos,
de los que provienen las doce tribus de Israel. El hijo
favorito de Jacob, José, fue vendido como esclavo por
sus hermanos, y después fue llevado a prisión en Egipto.
Desde la desesperación de la celda de la cárcel en Egipto,
Dios de manera triunfante levantó a José hasta llegar a
ser el primer ministro de Egipto, en segunda posición
después de Faraón.
Para cumplir la palabra que le había dado a Abraham, el
Señor envió a José a Egipto para preparar un lugar para
sus hermanos y traer liberación (Gn. 45:5-8). Después de
establecer a José en Egipto, Dios envió una hambruna
para hacer que los hijos de Jacob descendieran a Egipto,
donde fueron reunidos con José. En el tiempo perfecto de
Dios, Jacob y toda su casa, que sumaban setenta personas,
se fueron a vivir a Egipto.

Hay una ley en la interpretación bíblica llamada la ley de
la primera mención; la primera vez que la Biblia menciona
algo, muy a menudo contiene la clave para su
interpretación espiritual. En Génesis 46:27 había 70
personas acompañantes de Jacob; por tanto, el número
“setenta” en las Escrituras representa la ancianidad, porque
había 70 ancianos de los hijos de Israel (Nm. 11:16, 24-25).
Lo que es importante mencionar aquí es que había tanto
hombres como mujeres dentro de los setenta que estaban
con Jacob. Esto es muy importante porque nos muestra
que la Escritura valida claramente a las mujeres en su
papel de líderes y ministros.
Continuando con nuestro repaso de los tratos de Dios
desde los días de Abraham hasta los días de Moisés,
vemos que Dios había preparado el camino para que
Jacob fuera a Egipto. El Salmo 105:17-24 dice: “Envió
un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por
siervo. Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue
puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su
palabra, el dicho de Jehová le probó. Envió el rey, y le
soltó; el señor de los pueblos, y le dejó ir libre. Lo puso
por señor de su casa, y por gobernador de todas sus
posesiones, para que reprimiera a sus grandes como él
quisiese, y a sus ancianos enseñara sabiduría. Después
entró Israel en Egipto, y Jacob moró en la tierra de Cam.
Y multiplicó su pueblo en gran manera, y lo hizo más
fuerte que sus enemigos”.
Hay una progresión definida en el plan de Dios. Después
de que Dios hablara a Abraham de que Él enviaría a su
descendencia a Egipto, José fue llevado a Egipto como
20 EL VIAJE DE ISRAEL
esclavo; después, Dios elevó a José hasta ser el gobernante
más grande de Egipto bajo Faraón, lo cual permitió que
Jacob y sus hijos fueran a vivir a Egipto, donde José cuidó
de ellos.
Los hijos de Israel se multiplicaron y florecieron en
Egipto, situación que produjo celos en los corazones de
los egipcios; más tarde, se levantó otro Faraón que no
conocía a José e hizo esclavos a los israelitas. Dios
cambió el corazón de los egipcios “para que
aborreciesen a su pueblo, para que contra sus siervos
pensasen mal” (Sal. 105:25). Recuerde que Dios nunca
endurece los corazones que son buenos; Él solamente
endurece los corazones que son malvados.
La vida de Moisés el libertador
Dios puso todas las cosas en su lugar para hacer que Su
perfecto plan se realizara. Los israelitas necesitaban
desesperadamente un redentor, y eso preparó el camino
para que Moisés llegara como su libertador (Sal. 105:26).
El Señor escogió a Moisés para liberar a Su pueblo de la
opresión y la esclavitud de Egipto.
Para cada fase de Su plan de redención, Dios escogió a
ciertos vasos a quienes les concedió gran gracia y
sabiduría; esos líderes designados de forma divina
aparecieron en épocas específicas de la Historia para llevar
a cabo los propósitos ordenados por Dios y para llevar a
Su pueblo a la etapa específica de la herencia que ha sido
determinada para su generación. Adán, Noé, Abraham,
Moisés, Josué, David, Salomón, los profetas y el Señor

Jesucristo aparecieron en el momento designado por Dios
en el lienzo de la Historia para cumplir el gran plan de
Dios para los tiempos.
En la era del Nuevo Testamento, Dios usó a los apóstoles
para poner el fundamento de la Iglesia. El apóstol Pablo
fue específicamente ungido y comisionado para predicar a
los gentiles; fue él quien estableció las principales doctrinas
y principios de nuestra fe, sobre los cuales está fundada la
Iglesia. Más adelante en la historia de la Iglesia, hombres
de Dios como Wycliff, Lutero y Wesley fueron usados para
sacar a la Iglesia de la época oscura y de la decadencia
abismal en la que había caído. Sin embargo, este libro se
concentra principalmente en la vida de Moisés.
Para poder ver algunas verdades muy importantes,
debemos estudiar la vida de Moisés a detalle, porque él
es el libertador, el hombre a quien Dios levantó para sacar
a su generación de la esclavitud egipcia. La vida de Moisés
se divide en tres periodos distintos:
1. Llamado: desde su nacimiento hasta que huyó de
Egipto (40 años)
2. Escogido: en el desierto de Arabia (40 años)
3. Fiel: al ministerio que le había sido encomendado
(40 años)
La razón por la que hemos usado estos tres títulos es que
Moisés, como líder fiel, es un ejemplo para que nosotros lo
sigamos. Muchos de los que leen estas palabras han sido
22 EL VIAJE DE ISRAEL
llamados a ser líderes en varios niveles. Apocalipsis 17:14
dice: “Los que están con él [el Cordero] son llamados y
elegidos y fieles”.
Dios ha puesto un llamado y ministerio concretos sobre
cada uno de nosotros, pero no es suficiente con haber sido
llamados por Dios, sino que también debemos ser escogidos
por Dios. Jesús declaró claramente en Mateo 22:14:
“Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”.
Al considerar la diferencia entre ser llamado y ser
escogido, sería muy beneficioso considerar la vida de
David, cuya vida refleja claramente estas tres etapas. El
llamado de Dios le fue dado a David cuando tenía unos
17 años. El profeta Samuel, nativo de Belén, llegó y ungió
a David con aceite. Esta fue la primera de las tres unciones
de David. En esta unción, él fue llamado a ser el rey de
Israel. Recibió su segunda unción en Hebrón, cuando fue
escogido como rey de Judá a la edad de 30 años. Cuando
David recibió la segunda unción, fue colocado en su
ministerio. Ser escogido por Dios es el acto de ser colocado
o situado por Dios en nuestro llamado o ministerio.
El tercer paso en nuestra vida cristiana es ser hallados fieles
en el ministerio o posición que Dios nos dé. Moisés no fue
solamente llamado y escogido, sino que también fue hallado
fiel, tal como leemos en Hebreos 3:5: “Y Moisés a la verdad
fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para
testimonio de lo que se iba a decir”. Para que nosotros
seamos también hallados fieles, debemos hacer exactamente
lo que Dios nos haya pedido que hagamos, sin salirnos del
camino que Él tenga para nuestras vidas.

INTRODUCCIÓN
Otro aspecto importante de esta verdad es que es
progresiva. Hay pasos progresivos en el ministerio, lo cual
vemos perfectamente ilustrado en la vida de David. A la
edad de 17 años, David fue llamado y ungido en Belén.
Después fue escogido por Dios y puesto como rey de Judá
durante siete años y medio (2 S. 5:5). Sin embargo, el
llamado original de David era ser rey de todo Israel, no
sólo rey de Judá. Dios nos pone primero en un nivel de
ministerio y nos prueba ahí. Cuando David demostró ser
fiel como rey de Judá, fue ungido por tercera vez y entró
en la plenitud de su ministerio como rey de todo Israel.
A menudo, transcurre un largo periodo de tiempo entre
ser llamado por Dios y ser escogido por Dios, tal como
vemos en el relato de la vida de David. Cuando Dios
inicialmente nos sitúa en nuestro llamamiento o ministerio,
Él generalmente nos pone en un nivel más bajo de
ministerio; después de haber demostrado nuestra fidelidad
en ese nivel, entramos en la plenitud de lo que Él ha
ordenado para nosotros. Por lo tanto, vemos que hay
niveles de ministerio. Puede que en su vida Dios le sitúe
como pastor asistente, y luego como pastor, quizá de una
iglesia pequeña, pero una vez que haya demostrado su
fidelidad en estos lugares, Él le ascenderá a la plenitud de
lo que Él haya planeado para su vida.

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